El panorama político de cara a las próximas elecciones comienza a agitarse, y Abelardo de la Espriella ha decidido mover sus fichas con una estrategia clara: evitar la dispersión de votos. Aunque su plataforma principal se cimenta en sectores de derecha radical, el abogado está tejiendo una red de alianzas mucho más amplia para consolidarse como un candidato de unidad.
1. La base: Salvación Nacional y Creemos
El punto de partida de De la Espriella son los partidos Salvación Nacional y Creemos. Estas colectividades representan su núcleo ideológico más cercano, caracterizado por una defensa firme del orden, la propiedad privada y una crítica frontal al gobierno actual. Sin embargo, su equipo entiende que con la “derecha pura” no basta para ganar una presidencia.
2. El “salto” hacia los partidos tradicionales
Para no quedar encasillado en un solo sector, De la Espriella ha iniciado un acercamiento estratégico con fuerzas políticas de gran trayectoria:
- Centro Democrático: Busca asegurar el respaldo de la base uribista, fundamental para cualquier aspiración en este espectro.
- Partidos Liberal y Conservador: Estos puentes buscan atraer al votante de centro-derecha y a las maquinarias regionales que suelen definir resultados en segunda vuelta.
- Cambio Radical: La relación con el partido de Germán Vargas Lleras es clave para proyectar una imagen de gestión y estructura política sólida.
3. El objetivo: El fin de la fragmentación
La gran lección de contiendas anteriores para la oposición es que la división castiga en las urnas. La intención de De la Espriella al “pisar lazos” en múltiples orillas es:
- Presentarse como un puente de unidad frente a un bloque de izquierda consolidado.
- Suavizar su imagen de “outsider” para ser visto como un líder capaz de concertar con la política tradicional.
- Neutralizar posibles divisiones internas que faciliten la continuidad del modelo de gobierno actual.
En resumen: Más que una campaña individual, el movimiento de De la Espriella parece ser un esfuerzo por construir un bloque de centroderecha robusto, intentando que los partidos tradicionales lo vean como una opción viable y no solo como un representante de los sectores más radicales.
